Esta semana observa tus expectativas.
En algún momento del día, cuando sientas molestia o frustración con tu pareja, detente unos segundos y pregúntate: ¿qué estoy esperando exactamente ahora mismo? Ponle nombre. ¿Que reaccione distinto? ¿Que tenga más iniciativa? ¿Que ya haya superado algo? ¿Que me dé algo que hoy no puede dar?
Después añade una segunda pregunta: ¿esto es una necesidad que puedo expresar o es una expectativa que estoy imponiendo?
No se trata de juzgarte. Solo de tomar conciencia. Muchas veces el dolor no viene de lo que el otro hace, sino de la historia que yo había construido sobre cómo debería ser.
Practica mirar primero tu expectativa antes de intentar cambiar al otro. Ahí empieza un amor más real y más honesto.