El semáforo de las emociones
A lo largo del día, especialmente en momentos de tensión o prisa, observa si te encuentras en rojo, amarillo o verde. El rojo indica que estás muy activado, reactivo o saturado; en ese momento no es buen momento para decidir. El amarillo señala que hay tensión pero aún puedes regularte, y el verde es un estado de mayor calma y claridad.
Cuando detectes que estás en rojo o amarillo, no intentes resolver nada. Detente un momento y lleva la atención a la respiración o al cuerpo durante unos segundos. El objetivo no es calmarte del todo, sino bajar un punto la activación para salir del piloto automático. A veces basta con alargar un poco la exhalación o apoyar los pies en el suelo para cambiar de estado.
Solo cuando notes que te acercas al verde, aunque sea ligeramente, retoma la acción o la decisión que tenías pendiente. Actuar desde ahí suele implicar respuestas más conscientes, menos impulsivas y más coherentes contigo. Practicar este semáforo varias veces al día entrena tu capacidad de autorregulación y convierte situaciones cotidianas en auténticos momentos de mindfulness.