- Elige una tarea cotidiana que suelas abandonar fácilmente o hacer con desánimo (puede ser fregar los platos, recoger algo que has dejado pendiente, terminar un email que estás evitando, salir a caminar, ir al gimnasio, etc.).
- Cuando aparezca el impulso de dejarlo o postergarlo, detente un momento y haz lo siguiente:
- Lleva tu atención a la respiración.
- Nota qué emoción o pensamiento está presente (cansancio, “esto es una tontería”, “no me apetece”, “no puedo”…).
- Nómbralo mentalmente: “Esto es resistencia”, “Esto es desánimo”, “Esto es frustración”.
- Haz una sola cosa consciente:
Decide dar un paso más, aunque sea pequeño, con plena atención y amabilidad. Puede ser recoger solo una cosa, escribir una frase más, o simplemente volver a intentarlo. - Al terminar, dite internamente: “He elegido no rendirme.”
Y observa qué sensación deja esa elección en ti.