“Déjate alcanzar por el tiempo”
¿Cuándo?
En cualquier momento del día en el que sientas que vas con prisa, que quieres que algo pase ya o que estás atrapado/a en la espera.
¿Cómo?
- Haz una pausa de 30 segundos.
No necesitas cerrar los ojos ni estar en silencio. Solo para un instante, donde estés. Baja el ritmo, respira una vez… y obsérvate. - Hazte esta pregunta en voz baja o mentalmente:
¿Estoy corriendo detrás del tiempo… o podría caminar con él un rato? - Elige una acción pequeña que vayas a hacer más despacio.
Caminar por el pasillo, beber un vaso de agua, mirar por la ventana, ponerte los zapatos, mirar a alguien mientras te habla… lo que sea. - Mientras lo haces, repítete internamente (como un mantra cotidiano):
“Estoy aquí. El tiempo no me falta. Estoy dentro del tiempo.”
Esta práctica no busca parar el reloj. Busca que dejes de luchar con él.
Y si la haces varias veces a la semana, sin solemnidad, notarás cómo cambia tu percepción de lo que es «urgente» y lo que simplemente «está en proceso».