Elige un momento de tu día para realizar esta práctica. Puede ser mientras tomas un pequeño refrigerio, un desayuno ligero o incluso una comida principal.
Haz una pausa antes del primer bocado:
- Observa tu comida durante unos segundos.
- Nota los colores, texturas y formas en tu plato.
- Lleva tu atención al aroma de los alimentos.
Toma un bocado con plena atención:
- Mastica despacio, notando cómo cambia la textura y cómo surgen los sabores.
- Observa si percibes algún detalle nuevo del alimento, como su frescura o una especia que no habías notado antes.
Escucha a tu cuerpo:
- ¿Qué sensaciones físicas experimentas? ¿Tienes hambre o estás satisfecho/a?
- ¿Cómo reacciona tu cuerpo a la comida? ¿Sientes energía, calma, placer?
Agradece el momento:
- Antes de terminar, dedica unos segundos a reconocer la oportunidad de alimentarte.
- Si lo deseas, puedes pensar en todas las personas y elementos que hicieron posible que ese alimento esté en tu mesa.