Post semanal

15 noviembre 2025

A veces creemos que somos personas abiertas, flexibles y curiosas… hasta que la vida nos pone algo delante que no encaja con nuestras ideas. En ese momento aparecen los “esto no es para mí”, “yo siempre he sido así” o “eso no me interesa”. No lo hacemos por cabezonería; lo hacemos porque el cerebro prefiere lo que conoce. La novedad le incomoda, le exige esfuerzo, le saca de la ruta habitual. Pero justo ahí, en ese pequeño roce, es donde empieza el crecimiento real.

Abrir la mente no significa comprar cualquier idea ni abrazar todo lo nuevo sin criterio. Significa poder mirar algo desconocido sin el filtro de los prejuicios automáticos. Dejar de dar por hecho que ya sabemos cómo son las cosas. Permitirse explorar un poco, escuchar un poco más, probar sin tener claro si nos gustará o no. Y eso, aunque suene simple, desencadena cambios profundos en cómo pensamos, cómo decidimos y cómo nos relacionamos.

La mayoría de las veces no necesitamos grandes experiencias para entrenar esta apertura. Basta con elegir algo que normalmente no haríamos y permitirnos acercarnos con curiosidad. Un libro diferente, una conversación con alguien que piensa distinto, una actividad que nunca hemos probado o incluso una opinión que solemos rechazar de entrada. No se trata de que nos encante, se trata de darle una oportunidad antes de cerrarnos.

Cuando dejamos espacio a lo nuevo, el mundo deja de parecernos tan estrecho. Nos volvemos más tranquilos, menos reactivos, más creativos. Sentimos que tenemos más margen para movernos por dentro. Y, quizá lo más importante, descubrimos que muchas de nuestras certezas no eran verdades, sino costumbres mentales que llevábamos demasiado tiempo repitiendo.

Abrir la mente no es un gran gesto: es un entrenamiento cotidiano. Un pequeño acto de honestidad con uno mismo. Una forma de recordarnos que siempre podemos ver un poco más allá. Y cuando lo hacemos, algo se expande. No fuera, sino dentro. Y desde ahí, la vida se vive de otra manera.

Hoy he disfrutado de un espacio totalmente desconocido para mí en Malpartida ,Cáceres, el Museo Vostell, un museo de arte contemporáneo impresionante, explicado con pasión por mi amiga Marifé que me ha emocionado y cautivado a partes iguales. Cuando pensaba en Cáceres, pensaba en palacios e historia, desde ahora, Fluxus y su maravillosa locura estará relacionada para mí con esta ciudad.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia….

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