Abriendo el cajón de las emociones…
La deshonestidad emocional es uno de los grandes males de esta sociedad. La poca inteligencia emocional de la que disponemos, nos mantiene en un estado permanente de simulación de una realidad absurdo y lleno de sufrimiento oculto.
Emociones básicas como el miedo, la tristeza o la frustración, son guardadas en cajones desastres dentro de nuestro corazón y nos pasamos los días, simulando un corazón resiliente, lleno de heridas ocultas y sobre todo, con un concepto pésimo de nosotros mismos, incapaces de cubrir las necesidades más básicas para estar bien.
La deshonestidad emocional es un deporte nacional y falsas creencias, asociadas a ideas como que no debemos preocupar a las personas que nos quieren cuando estamos mal, que si miramos para otro lado las cosas no suceden o que cuando más duros somos con nosotros mismos, mejores vamos a ser, nos sumen en una tortura personal, llena de sentimientos contenidos, de soledad ante el dolor y de incapacidad para afrontar la dificultad.
El ser humano sufre, durante toda su vida, desde que nacemos de nuestra madre y nos separan de ella, empieza el proceso de sufrimiento y éste nos acompañará en mayor o menor medida, hasta la muerte.
Las emociones nos sirven para poner equilibrio mental a lo que ocurre fuera de nosotros y la contención impuesta de las emociones y sentimientos evocados en cada situación, nos convierte en seres incapaces de afrontar la dificultad.
En estos casos, en vez de crecer y salir más sabio de la situación en cuestión, lo normal que repitamos patrones de comportamiento, una y otra vez,
Necesitamos dar espacio a la emoción, mirar al sufrimiento, reconocerlo y atenderlo.
Recuperemos el derecho a sentirnos vulnerables, a rompernos por el dolor o a sencillamente, perder las ganas de muchas cosas cuando estemos en un mal momento. Recuperemos el derecho a sentirnos felices, aún en lo malos momentos, motivados para luchar aún en las situaciones más tristes e ilusionados por la vida aún en los momentos de soledad.
La emoción tiene su trabajo y la honestidad, parte de su reconocimiento, su gestión y entregarnos a que impacten en nosotros en la dimensión que necesitemos.
Basta de súper hombres y mujeres, simulando que podemos solos con todo, basta de mirar hacia otro lado cuando la escena duele, basta ya de escondernos del sufrimiento ajeno, basta ya de ese abandono que hacemos ante la dificultad de nuestros seres queridos.
Seres humanos de mi vida, cuando un ser humano está desesperado, solo necesita a otro ser humano y desde esta base, la honestidad emocional nos da la posibilidad, de pedir ayuda cuando la necesitemos, de darla cuando los demás la necesitas y sobre todo, de mirar y cubrir mis propias necesidades como primer paso hacia una autoestima saludable y unas relaciones de afecto que merezcan la pena, por su autenticidad y falta de pudor para demostrar amor.
Saquemos las emociones del cajón, saquemos nuestros sentimientos a primera línea y empecemos a diagnosticar, abrazar y curar todo aquello que nos hace sufrir para seguir adelante…
Tomando conciencia , viviendo en coherencia.