Hoy no escribas para analizarte. Escribe para escucharte.
Antes de empezar, haz tres respiraciones lentas. No cambies nada, solo observa cómo estás ahora mismo.
En tu diario, responde con honestidad y sencillez:
- ¿Con qué “guion” me he levantado hoy?
- ¿Qué estoy dando por hecho sobre alguien o sobre una situación?
- ¿En qué momento del día he dejado de escuchar de verdad?
- ¿Qué habría pasado si hubiera soltado mi idea previa y me hubiera permitido sentir lo que estaba ocurriendo?
No busques respuestas perfectas. Busca respuestas reales.
Al terminar, escribe una frase de intención para mañana. Algo simple, por ejemplo:
“Hoy quiero escuchar sin preparar mi respuesta.”
Cierra el diario y quédate un minuto en silencio.
Permítete no tener el guion decidido.