Cada noche, antes de dormir o en un momento de calma, abre tu diario y recuerda tu día. Busca tres cosas que hayas hecho diferentes a tu rutina habitual. No importa si son grandes aventuras o pequeños cambios: lo esencial es que hayan roto, aunque sea un poco, tu automatismo.
Puede ser un camino distinto al habitual, probar un sabor nuevo, conversar con alguien inesperado o dedicar un rato a una actividad que normalmente no haces. La clave está en observar qué sentiste y qué despertó en ti esa experiencia.
Escribe con detalle: dónde estabas, qué viste, qué escuchaste, cómo reaccionó tu cuerpo y qué pensamientos aparecieron. No juzgues la experiencia como “buena” o “mala”; simplemente descríbela y reconoce que te permitió vivir el presente de otra forma.
Con el tiempo, este ejercicio te ayudará a descubrir cuántas oportunidades tienes cada día para salir del piloto automático y abrir espacio a lo nuevo.