En esa silla, las personas me cuentan sus heridas y esta silla acoge todas, todas esas heridas de las que no hablamos nunca, todas esas que han marcado nuestra forma de relacionarnos con nosotros y con los demás y en esa silla, buscamos formas de sanar, de eliminar o diluir barreras de protección que fabricamos con pocos años y que han marcado nuestra personalidad para siempre.
Pues se puede. Todos somos heridos en la infancia y la conciencia nos puede ayudar a dar pasos hacia sanar.
La meditación nos pone esos patrones comportamiento delante y desde ahí, podemos hacer cambios que nos permitan vivir con más sosiego