1. Observa tu reacción automática
Piensa en una idea, situación o actividad que hoy te haya generado rechazo inmediato. No la juzgues. Anota simplemente cuál fue tu primera reacción y cómo la sentiste en el cuerpo (tensión, cierre, incomodidad, etc.).
2. Nombra el prejuicio
Escribe qué pensamiento apareció (“esto no es para mí”, “no me interesa”, “yo soy así”). No intentes cambiarlo. Solo ponle nombre. Identificarlo ya es un acto de apertura.
3. Abre una pequeña ventana
Escribe una frase que empiece con:
“Y si hubiera otra forma de verlo…”
Permítete explorar una perspectiva alternativa, aunque no la creas al 100%. El objetivo no es convencerte, sino flexibilizar.
4. Elige una micro-experiencia nueva
Anota una acción pequeña que puedas hacer hoy o mañana para salir del piloto automático: algo que no haces habitualmente, algo desconocido, algo que “no es lo tuyo”. No tiene que ser importante, solo nuevo.
5. Reflexión final
Al terminar el día, responde:
¿Qué he descubierto sobre mí al abrir un poco la mente hoy?
Puede ser algo pequeño: una emoción, una sorpresa, una resistencia, un pensamiento nuevo.