Vivimos en una época en la que estar desconectado parece casi imposible. El teléfono vibra, las notificaciones se acumulan y, sin darnos cuenta, pasamos el día saltando de estímulo en estímulo. Trabajamos conectados, descansamos conectados, incluso buscamos calma… conectados. Esta hiperconectividad nos da acceso a todo, pero también nos roba algo valioso: el silencio, la presencia y la capacidad de escuchar lo que ocurre dentro.
Si te apetece trabajar sobre esto, como cada semana puedes hacerlo a través de:
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