Carta de gratitud a las mujeres que me han construido
Hoy escribo desde un lugar de reconocimiento y gratitud. Desde la pausa que me permite mirar atrás y ver con claridad el camino que he recorrido, gracias a las mujeres que han formado parte de mi vida. Algunas siguen a mi lado, otras ya no están, pero su huella es imborrable en quien soy hoy.
A mi madre, la primera presencia femenina en mi vida, gracias. Gracias por enseñarme con tu ejemplo la fortaleza que se encuentra en la entrega, en la resiliencia silenciosa de los días que pasan sin reconocimiento, en la ternura que no exige nada a cambio. Hoy entiendo mucho mejor tus gestos, tus miradas , tu paciencia y tu lenguaje del amor. Hoy veo la valentía escondida en cada uno de tus actos. Gracias por sembrar en mí la capacidad de sostener y de seguir adelante con amor.
A mi abuela, que marcaron mi historia con historias propias, gracias. Una mujer de tez preciosa y carácter dulce, me enseñó a cocinar y a reírme, me enseñó a abrazar y que los yogures caducados un día se podían comer. Tuve otra abuela, pero se fue de este mundo demasiado pronto y siempre me ha gustado pensar que allá donde esté, me ayuda.
A mi madrastra, a mis hermanas, tías, primas, amigas y compañeras de camino, gracias. Con vosotras he aprendido que el apoyo incondicional no es un ideal romántico, sino una práctica real y cotidiana. Me habéis sostenido en mis momentos de duda, me habéis empujado cuando me detenía por miedo y me habéis abrazado en cada caída. Gracias por ser espejos, por reflejarme lo mejor y lo peor de mí, y por ayudarme a crecer con cada conversación, cada risa y cada lágrima compartida.
un reconocimiento muy especial a mis hijas y mis hijastras, grandes maestras y un motor de amor incondicional para mi corazón, que jamás imaginé tener.
A las mujeres que han sido maestras en mi vida, en el sentido literal o figurado, gracias. A aquellas que me han mostrado nuevos caminos, que me han retado a pensar diferente, que me han inspirado con su ejemplo. Gracias por compartir vuestra sabiduría y demostrarme que aprender es un viaje sin final.
A las mujeres que han pasado fugazmente por mi vida, pero han dejado algo en mí, gracias. A veces, una conversación inesperada, una historia compartida en un instante, puede dejar una marca profunda. Gracias por ser testigos y por permitirme serlo también.
Hoy, mientras escribo estas líneas, tomo conciencia de todo lo que he recibido. Y lo recibo con gratitud, con la responsabilidad de seguir honrando lo que me ha sido dado, transmitiéndolo y construyendo a partir de ello.
Porque cada una de vosotras ha dejado en mí una semilla. Y hoy elijo regarla con amor, con presencia y con reconocimiento.
Gracias, infinitamente gracias.
Tomando conciencia, viviendo en coherencia…