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13 agosto 2023

HISTORIAS NORMALES, DE VIDA NORMALES 3…

Hoy os presento a Adrián, un hombre de 35 años que vive con su pareja desde hace 2 años y que lleva unos meses con sentimientos encontrados al respecto.

Creció en una familia social y económicamente bien posicionada y esto le permitió estudiar en Centros privados de cierto prestigio. Tras completar sus estudios de ADE y hablar un perfecto inglés gracias a sus cursos de verano en carísimos colegios, está trabajando como directivo en una gran multinacional.

Sus ingresos le permiten disfrutar de una vida muy buena y su chica, una preciosa mujer, abogada y con dotes de perfección para casi todo, llenan de forma muy positiva su vida.

Disfruta de círculos de amistad sanos y aunque no dispone de mucho tiempo libre por el trabajo, siente que sabe sacarle partido y los disfruta siempre que puede haciendo lo que más le gusta, viajar.

Una vida idílica en forma pero tormentosa y llena de sufrimiento en el fondo.

En el trabajo, es una persona muy eficiente y es muy valorado por sus superiores y compañeros. Aunque a veces surgen tensiones, tiene las habilidades necesarias para poder lidiar sin grandes conflictos. Pero en casa, las cosas cambian. Su relación está llena de broncas infinitas con su pareja y los gritos, llantos, y faltas de respeto se ocultan bajo esa apariencia de vida perfecta que proyecta hacia los demás.

Ana, su novia es una persona muy segura de sí misma y sabe en todo momento lo que quiere. Configura su vida, sus relaciones y su convivencia con él, en la forma y tiempos en lo que ella decide y como ella decide y cada vez que Adrián se sale del guión establecido, le juzga e intenta que cambie su decisión.

Adrián no puede soportarlo y llega un momento en el que salta sin control y empiezan las broncas. Aunque se sienta muy dolido, suele ser él quien de el primer paso para arreglar las cosas y normalmente, cede a los deseos de Ana porque le da terror perderla.

Cuando reflexiona sobre su vida, siente que se está dejando llevar por alguien que le anula como persona y en algo más de dos años, casi no se reconoce. Sin embargo, sigue pensando que ella es la persona adecuada para su vida y por nada del mundo, querría perderla, siente que Ana es el amor de su vida.

Un día, haciendo deporte, un fuerte dolor en el pecho y una sensación terrible de ahogo, hacen que tengan que atenderlo de urgencia y aunque todo queda finalmente en un susto, Adrián pensó que se moría. Tras esta crisis, provocada por unos altos niveles de estrés, decide dar un giro a las cosas.

Aunque empieza a hacer una vida más sana a través de deporte, más descanso, mejor alimentación y menos horas de trabajo, su relación no mejora y sus niveles de estrés tampoco. Esta relación de dependencia emocional le hace vivir en una permanente inestabilidad emocional que le hace sentirse profundamente infeliz.

El tiempo pasa y su relación no avanza. Tiene miedo al compromiso con alguien que le hace sentir ninguneado permanentemente pero ahí sigue, pensando que si le deja, no podrá vivir.

Ana, pasados unos años, se enamora de un compañero de profesión con el que se casa y tiene hijos, Adrián tras la ruptura, salta de una chica a otra, sin encontrar el por qué de sus fracasos amorosos, pensando que es una cuestión de inmadurez y cierta incompatibilidad con las mujeres en general, cerrándose cada vez más a enamorarse, sintiéndose profundamente solo y viviendo en una eterna juventud que no le llena nada.

El amor es un sentimiento bellísimo que nos completa y hace que nuestra vida tenga más sentido, pero la convivencia es otra cuestión. Los patrones de dependencia emocional, hacen que construyamos relaciones donde, somos nosotros mismos los que nos anulamos como personas para complacer permanentemente, las necesidades del otro. Esto hace que proyectemos hacia la pareja esa sensación de estar abandonando todo lo que es importante para nosotros en una adaptación permanente que nos aleja de la persona que somos. Esto trae sufrimiento, conflictos y desamor.

Adrián había crecido en un ambiente de competición permanente con sus hermanos y primos. Sentía que para sus padres, nunca era suficiente el esfuerzo que hacía para cumplir las expectativas que recaían sobre él como hijo y no podía soportar el sentirse juzgado, a pesar de todos sus esfuerzos.

Este patrón de pensamiento, le acompañó hasta la vida adulta y era la fuente de todos los conflictos y los pensamientos negativos que se generaban en su mente con sus parejas.

Ser conscientes de nuestros patrones de pensamiento y comportamiento a través de la conciencia, nos ayuda a poder modificar determinados resortes que nos hacen sufrir mucho.

Las relaciones de dependencia, siempre van precedidas de nuestro pasado y de esos patrones y creencias en los que hemos de trabajar.

Tomando conciencia, viviendo en coherencia….

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