Hoy quiero hablar de un tema que ha tenido un impacto significativo en mi vida: la asertividad.
Durante mucho tiempo, me encontré luchando por expresar mis opiniones, establecer límites claros y comunicarme de manera efectiva. Me di cuenta de que necesitaba desarrollar mi habilidad para ser asertivo, y esto marcó un punto de inflexión en mi vida.
Mi miedo al rechazo o mi autoestima muy mejorable siempre, me hacía estar siempre enfocada en satisfacer las necesidades de los que me rodeaban y mis necesidades, quedaban siempre en última fila.
La asertividad es una herramienta poderosa que nos permite comunicarnos de manera clara, directa y respetuosa. No se trata solo de expresar nuestras necesidades y deseos, sino también de mantener un equilibrio saludable entre nuestras propias expectativas y los derechos de los demás. Es una habilidad que nos permite establecer límites adecuados y construir relaciones más sólidas y significativas.
Al comenzar mi viaje hacia una mayor asertividad, me di cuenta de que el primer paso era conocerme a mí misma. Reflexioné sobre mis propias necesidades, valores y límites. Comprendí que no era egoísta ni incorrecto tener mis propias opiniones y deseos. Esta comprensión me brindó la confianza necesaria para expresarme de manera más auténtica.
Aprender a decir «no» fue otro desafío para mí. Durante mucho tiempo, tenía miedo de decepcionar a los demás y, por lo tanto, evitaba decir «no» incluso cuando estaba agotada o no estaba de acuerdo con algo. Pero me di cuenta de que decir «no» de manera respetuosa no era un acto de egoísmo, sino una forma de proteger mi bienestar y establecer límites saludables.
A medida que me adentré en la práctica de la asertividad, también aprendí a utilizar el poder del lenguaje «yo». En lugar de culpar a los demás por mis sentimientos o frustraciones, aprendí a expresar mis emociones de manera más efectiva, utilizando declaraciones como «Me siento…» en lugar de «Tú siempre…». Esto abrió la puerta a una comunicación más abierta y receptiva.
Adquirimos multitud de hábitos, relacionados con la incapacidad de decir «no», que nos hacen sentir permanentemente en contra de nuestras propias necesidades y esto, nos sume en sensaciones de deshonestidad con nosotros mismos. Hay una frase popular que me encanta y me acompaña últimamente: «más vale estar una vez colorado, que toda la vida amarillo»
La asertividad no solo se trata de expresarnos, sino también de aprender a escuchar. Practicar la escucha activa me permitió comprender mejor las perspectivas de los demás y construir conexiones más profundas. Aprendí a mostrar interés genuino, a mantener contacto visual y a utilizar el lenguaje corporal para respaldar mis palabras. Descubrí que la comunicación no verbal es tan importante como las palabras que elegimos.
A lo largo de mi camino hacia la asertividad, también aprendí a aceptar las críticas constructivas. Antes solía tomar las críticas como un ataque personal, pero ahora las veo como oportunidades para aprender y mejorar. Aprecio las perspectivas de los demás y utilizo esa retroalimentación para fortalecerme y convertirme en una mejor versión de mí misma.
La empatía también ha sido clave en mi desarrollo asertivo. Aprender a comprender y compartir los sentimientos de los demás me ha permitido establecer conexiones más auténticas y fomentar relaciones más significativas. La empatía es un puente que nos conecta con los demás y nos ayuda a comunicarnos de manera más efectiva.
Caer en conductas sumisas no nos hace mejor personas, no va a hacer que nos quieran más y por supuesto, no nos ayuda en eso de vivir en coherencia. Al final, el estar forzados y alejados de nuestras necesidades, hará que nuestras relaciones no sean auténticas y en libertad.
Tragarnos nuestros sentimientos o necesidades, incrementa nuestros niveles de estrés y nuestra somatización emocional y poner encima de la mesa nuestro criterio, es una liberación definitiva.
Tomando conciencia, viviendo en coherencia….