Después de unos días de descanso, la mente y el cuerpo se desacostumbran a la rutina. Volver no significa que la vida sea gris, significa que toca cambiar de ritmo. Es como pasar de andar por la arena a correr en asfalto: al principio cuesta, luego el cuerpo encuentra la cadencia.
Lo que llamamos “síndrome postvacacional” no es más que eso: un tiempo de adaptación. Los primeros días pueden pesar más, la motivación parece baja y la pereza gana terreno, pero es pasajero. La clave está en no pelearte con la sensación, sino entenderla.
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